La cantidad necesaria

3 septiembre 2014 / 12:41

La cantidad necesaria

En cuanto a vosotros, no queda muy claro adónde va vuestra potencia. Aunque a veces un grupo ecologista denuncia una grieta en una central nuclear, o unos cuantos anarquistas o comunistas organizan huelgas y acaban consiguiendo reivindicaciones de tres al cuarto, por lo general sois más pintorescos que otra cosa. Me recordáis, con perdón, las risas enlatadas de las series televisivas. Vosotros sois las protestas enlatadas. Una reforma laboral que no os gusta, una política exterior convencional, un exceso de tráfico motorizado y ahí están vuestras protestas enlatadas de domingo por la mañana o de martes a las ocho de la tarde. No es culpa vuestra, claro, qué podéis hacer si sois mil quinientos tipos o quince mil, poniéndome estupendo, en un país de cuarenta millones.

Os habréis preguntado por qué sois tan pocos, digo yo. Supongo que en alguna de esas reuniones que tenéis alguien habrá planteado que es rarito esto de que haya treinta y nueve millones novecientos ochenta y cinco mil individuos equivocados en este país. Un día se lo dije a Susana; según ella el problema era que yo no hacía bien las cuentas: hay millones de personas en vuestro bando, pero estáis muy dispersos, algunos todavía no se han dado cuenta de que son de izquierdas, son emigrantes o jóvenes que no conocen la existencia de ciertos grupos políticos porque… no tenéis televisiones, periódicos, tiempo…, pobrecillos. Un argumento inane, me parece. Pero seamos generosos, os concedo hasta un millón de personas. La mitad de los votantes de Izquierda Unida, de la otra mitad no me fío, y quinientos mil más de canapés variados: todo tipo de grupos anticapitalistas, republicanos, ecologistas, rojos, que quieras incluir. ¿Qué hacemos con los otros treinta y nueve millones? Es el placer, Goyo, es el placer. Permite que te lo cuente, por si te sirve.

El padre de Blancanieves, Belén Gopegui (Anagrama, 2007).

El afianzamiento de los bolcheviques -que en ese momento constituía esencialmente un partido obrero- en las principales ciudades rusas, especialmente en la capital, Petrogrado, y en Moscú, y su rápida implantación en el ejército, entrañó el debilitamiento del gobierno provisional, sobre todo cuando en el mes de agosto tuvo que recabar el apoyo de las fuerzas revolucionarias de la capital para sofocar un intento de golpe de estado contrarrevolucionario encabezado por un general monárquico. El sector más radicalizado de sus seguidores impulsó entonces a los bolcheviques a la toma del poder. En realidad, llegado el momento, no fue necesario tomar el poder, sino simplemente ocuparlo. Se ha dicho que el número de heridos fue mayor durante el rodaje de la gran película de Eisenstein Octubre (1927) que en el momento de la ocupación real del Palacio de Invierno el 7 de noviembre de 1917. El gobierno provisional, al que ya nadie defendía, se disolvió como una burbuja en el aire.

Historia del siglo XX, Eric Hobsbawm (Crítica, 1995). Traducción de Juan Faci, Jordi Ainaud y Carme Castells.

* Imagen.

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